Cambiaremos o repetiremos la historia?
A menudo los argentinos nos acordamos de “cambiar” (bien entre comillas), pero lo hacemos tarde y cuando ya casi no cuenta (el daño ya está hecho). Es decir, nos arrepentimos de lo que elegimos, y de las decisiones que tomamos. Pues mucho me temo, que como ocurre casi siempre, las decisiones (y elecciones) pasadas nos condicionan y de alguna manera, nos condenan de antemano. El “cambio” es entonces de personajes?… o por cambio nos referimos a no seguir con el error y a abandonar los mitos? Porque no es lo mismo.
Ya se sabe que es lo que hay que cambiar, se sabe que es lo que hacemos mal y que repetidamente avalamos como “correcto”… pero, que no se quiere escuchar. No se quiere escuchar, pero se sabe que lo que se compra es mentira. Pretender ahora, un cambio rápido como resultado del súbito arrepentimiento, es propio de la misma mentalidad (casi infantil) que justificó contra toda crítica razonable, la política a la cual ahora se quiere cambiar. Tarde, ahora es tarde.
Esta mentalidad alega “inocencia” porque confió antes en las mismas promesas (falsas) de un cambio que nunca llegó. Confiados e inocentes antes, desilusionados y con bronca, ahora. Son dos caras de la misma moneda. Es tan poco útil la ilusión que reniega de la crítica cuando era muy evidente el engaño… y es igual de tonto el actual clima de indignación y rechazo.
Es lo mismo, pues que cambió? que pasó de distinto? el discurso? y la realidad en que cambió? si fue siempre la misma historia de siempre: echarle la culpa al pasado, pero repetirlo con otros personajes. Es el “sube y baja” (o el serrucho)… que ya aburre! pues es la misma historieta de siempre. Eso es lo que creemos? Que fuimos engañados en nuestra inocencia? Que confiamos y nos traicionaron? Que todo fue un plan macabro que fue hecho a propósito para confundirnos? Es que nadie cuestiona los mitos argentinos tan arraigados como evidentemente equivocados? Nadie nos advirtió?
Ahora, se busca a un culpable, para así echarle toda la culpa (el “chivo expiatorio”), no nosotros. Alguien debe pagar, no nosotros. Entonces, aparecen los personajes mas enojados y furiosos, pero resulta que fueron ellos los que avalaron y que incluso fueron aliados de lo que ahora se reniega. Fueron los mismos que ahora utilizan la moral y la ética, no para ser mejores, sino para sojuzgar a los demás. La ética siempre la utilizaron para dominar y amedrentar a los que no concordaban con sus “ideas”. Y ahora sigue lo mismo. Una conducta que fue funcional a lo mismo que ahora se combate. Igual y parte de lo mismo.
Como ejemplo, advierto que ahora muchos se enojan con la delegación de facultades (los denominados superpoderes), pero pocos advierten que con la composición actual de la cámara de diputados, se podría aprobar una prórroga para el siguiente año, es decir para el 2010 (hasta pocos meses antes que se vote de nuevo en el 2011). Y como la nueva mayoría asume en diciembre, la aprobación (o no) de muchas normas, se tratarán recién el año que viene en marzo (a casi un año). Tarde, siempre tarde nos acordamos.
Si es cierto el enojo y el reclamo institucional, no se hubiera permitido las anteriores violaciones a la Constitución Nacional, y que fueron avaladas por muchos porque era “políticamente correcto”. Tarde es hacerlo ahora.
Si así actúan los dirigentes que tenemos, que se espera de los ciudadanos “de a pie”?. Los pobres ciudadanos, presos de esta caterva de dirigentes, se defienden con lo que tienen. Hasta venden el voto por alguna que otra prebenda. Pero que opciones tienen? Al menos ellos no son hipócritas. No se visten de moralistas… se defienden. Aunque no se sienten orgullosos de depositar su confianza en mafiosos y delincuentes, por lo menos buscan algo concreto. Pretender que los éticos que justificaron el engaño de antes, ahora reclamen que estos pobres ciudadanos, de la noche a la mañana, reconozcan que han sido cómplices de los delincuentes que gobiernan, me parece muy injusto. Y que ejemplos reciben? Que alternativas han tenido?
Porque hasta ahora, la alternativa que se les ha opuesto, han tenido el triste mérito de ser peores. No ha quedado para la gente desamparada, otra opción que seguir con lo mismo que gobierna casi siempre. Queda entonces el desafío para la nueva generación de dirigentes, de una vez por todas, poder demostrar que se puede gobernar mejor (que no hay que hacer mucho), de dar una alternativa creíble y principalmente de mostrar con resultados (con eficacia y eficiencia) que otro país puede ser posible. Pero para ello, primero se debe cambiar de principios y de terminar con la falsa ética de oponerse pero que en definitiva se comparte lo mismo. Porque de ser así, seguiremos igual, repitiendo una y otra vez los mismos errores.
Desde la actitud irrenunciable de los falsos principios éticos, es que estamos como estamos. La irreductible e intransigente postura de no reconocer el error de los mitos argentinos, es la misma conducta que nos conduce al abismo (porque siempre fracasa). Eso no es la alternativa. Es mas, hasta asusta.
Los argentinos no deberían optar entre delincuentes y éticos que comulgan las mismas ideas y comparten los mismos mitos (yo sufrí ambos). Sino que se debería cambiar de ideas y renunciar a los mitos. Como yo puse en un post anterior: “error y mentira están ligadas… se quiere salir del error? entonces hay que desprenderse de la mentira“. La ética que justifica al error hace imposible el cambio.
Y no es un problema de personas… no es con “gente buena” pero equivocada que se hace un país. Porque para hacer un país mejor, obviamente se necesitan los mejores (que no es lo mismo)… se necesitan los mejores proyectos y las mejores ideas, las mejores mentes, los expertos en los temas, gente que sea idónea y preparada, con experiencia y que hayan tenido éxito en sus carreras. Es decir, hay que propiciar que la gente proba y con talento se acerque a la política y vaya al gobierno. La excelencia no contradice a la democracia, al contrario, la fortalece. Hay que formar una elite dirigente con lo mejor que tengamos y que sea independiente de los vaivenes políticos.
Y eso es lo que NO tenemos. La clase dirigente actual es una junta de fracasados que no tienen otra cosa que vivir del estado (es decir, de los impuestos de los ciudadanos). Sin éxito en sus carreras y con un gran resentimiento. Además de tener ideas ridículas y anticuadas, no dejan progresar a los ciudadanos, pues hasta se benefician manteniendolos pobres e incultos, a los que se somete, se les mienten y encima se les reclama el voto (como agradecimiento). Ejemplos de esto, sobran.
Mientras esto no cambie y lo peor de la sociedad gobierne, seguiremos igual que ahora. Asi pues, es posible que en un futuro cambiemos? Ver para creer… para ello, deben pasar muchas cosas. Muchas elecciones y especialmente se debe votar diferente. Cambiaremos esta vez? o seguiremos con el sube y baja (ilusión y desilusión)? Se repetirá la misma historia?
Espero que alguna vez esta historia de continuos fracasos cambie, porque hasta ahora a mi, la única satisfacción política que he tenido, ha sido de ver perder a aquellos que se creen iluminados y que tienen la extraña política de conducirnos hasta el borde del precipicio. Afortunadamente, la gente se cansa y les retira el poder. Eso es bueno, pero mejor sería que eligiéramos lideres basados en el respeto por las instituciones, pues son éstas las que trascienden a los gobiernos.
Me gustaría que volviéramos a ser el país, al cual mis abuelos y bisabuelos vinieron a hacer una nueva vida. Ese país que le abrió las puertas al inmigrante, porque que no hay nada mas “jugado” que apostar su propio destino a una tierra desconocida. Ese era el país que abandonamos, los descendientes de los inmigrantes cuando adoptamos los valores a los que habían renunciado nuestros abuelos. Pues esos mismos mitos que fueron los que destruyeron Europa, los aplicamos después aquí. Y por supuesto, dieron el mismo resultado.
Volver a ser esa Argentina basada en instituciones y que progresaba increíblemente va a ser el desafío de las siguientes generaciones (no lo creo de la generación que gobierna actualmente), pero para eso se debe dejar de pensar el pasado (y encima con resentimiento), reconocer los errores cometidos (de todos), dejar de vivir en la mentira (la cultura de los mitos) y adoptar los valores vigentes en cualquier país moderno. Es decir, un país normal, nada mas que eso.
Eso es lo que fuimos cuando el “modelo” fue el de la Constitución Nacional. El país que progresaba, educaba y atraía a millones de inmigrantes de todo el mundo, los cuales “solamente” soñaban con una tierra en la que se pueda vivir y trabajar tranquilos. No hay entonces, que refundar nada. El “modelo” de la Constitución Nacional, es el que necesitamos volver a ser, y ese es el país que fuimos.
Lo bueno de la democracia, es que siempre se renueva la esperanza, aunque sea ilusoria. Y entonces, que cambió en estas elecciones? por ahora no cambió mucho. Mas allá de las interpretaciones, ganadores y perdedores, realineamientos y posicionamientos para el 2011, queda el desafío de que cambiemos en serio y que no sea solo un “cambio de figuritas”. En definitiva, depende de nosotros.
Resultado de la perinola: no pregunte, no conteste, no se meta, callese!