Tener una mascota (en este caso un perro) ha sido toda una experiencia nueva para mi. Experiencia que me dejó cosas buenas y malas. Es toda una responsabilidad la que se asume, porque no es fácil, tener el cuidado de una criatura: comida, paseos, limpieza, remedios, etc. Hay que estar dispuesto a perder tiempo y recursos. Y también es difícil al final, cuando se los ve sufrir (y nos hace sufrir) y cuando se los pierde.
Recuerdo que hace algunos años, una compañera de facultad me preguntó si creía que los perros tenían alma. Y yo le contesté que no. Luego ella me dijo que sí lo creía, pues según recuerdo, había perdido su perro hace poco.
Años mas tarde, con el Coqui (mi primer y único perro), comprendí a que se refería cuando me hizo esa pregunta. Nos apegamos a nuestras mascotas, les damos cariño, nos alegramos compartiendo momentos junto a ellos, pues son inocentes y luego, porque así es la vida, sufrimos con las pérdidas.
Ahora, sigo sin saber si tienen o no alma. Pero lo que sí creo es que… la vida no es una serie de combinaciones químicas o moleculares. La vida es algo extraordinario, algo maravilloso y milagroso, pues todos los seres vivientes somos originados por el mismo impulso creador y somos guiados por el mismo impulso vital. De ahí surge mi respeto por la vida (de todos lo seres vivos). Por ello valoro la vida, por lo que es: algo extraordinario…
.. y lo que también creo es que la muerte es parte de la vida. La muerte no es lo contrario a la vida, sino que es parte de la misma. Pues no existiría vida sin la muerte. Pues todos los seres vivos, somos producto de una vida anterior y su alimento es la vida misma. Entender esto, me costó, porque no es grato saber que la continuidad de la vida depende de que cada integrante tuviera fin. Pero es así, así es el orden de las cosas, y así es el orden en la naturaleza.
Pero así mismo, no me es indiferente la muerte.
Y esa es mi respuesta ahora. La vida es un milagro pero es finita (por lo menos en este mundo). Pero al fin de cuentas, lo que importa es el recuerdo de las buenas experiencias vividas. Los momentos buenos que pasé con mi perro, las enseñanzas de vida que aprendí (pues siempre se aprende) y el hecho de compartir caminar muchas cuadras juntos (paseándote). Y eso es lo importante.
Después de mas de 14 años, nos dejaste Coqui. Pero me consuela que tuviste una buena vida (no fue para nada una vida de perros). Por ello, te saludo y te digo Adios Coqui!
Guau, Guau!

Martes, 7 Abril 2009 a las 22:10
Si! Definitivamente la vida no es fácil, porque contiene en sí misma alegrías y tristezas, justicias e injusticias, amores y odios. Y muchas veces vivimos continuamente pasando de una situación a la otra, de repente y sin aviso.
Pero de los 14 años y meses juntos, puedo decir que vivimos muchas alegrías y pocas tristezas. Quizás por su inocencia, por su compañerismo, por su temperamento, formó parte de nuestra familia y vivió y nos hizo vivir muchos momentos felices.
Es cierto, nos dejaste! Pero ahora estás junto a Papá. Te imagino acurrucado sobre sus piernas durmiendo despaturradamente como siempre lo hiciste.
Coqui, ahora seguirás siendo nuestro guardián pero de otra forma.
Adios y Guau, Guau.