Talento o excelencia?
Los argentinos valoran el talento. Tal vez hasta le dan demasiada importancia y lo confunden con la habilidad. Muchas veces exageran hasta el punto de calificar de “genialidad” a quien tiene un pequeño talento.
Genio! genio! se escucha. A quien? a un científico que descubrió una vacuna que podría salvar vidas? a alguien que con esfuerzo, estudio y dedicación se destaca y obtiene logros importantes? a alguien que enseña con la verdad? a quien resuelve problemas inteligentemente? no! A quien llamamos genio? a un futbolista o tenista. A alguien que le pega a la pelota. Por que? porque se sobrevalora las emociones.
Los profesionales que resuelven problemas importantes (esos que sí requieren talento) o investigan soluciones no pensadas, eso no son valorados. Porque, que emoción hay en ello?
Si por lo menos se relacionara el talento con la excelencia, estaría un poco mas conforme, pues la búsqueda de la excelencia, por lo menos apunta a un resultado: el óptimo. Pues la excelencia es el resultado de muchas virtudes entre las cuales está el talento, el esfuerzo, la paciencia, la perseverancia y siempre implica que el resultado sea el máximo a alcanzar (el mejor de todos).
Otras sociedades, valoran el “número uno“, el líder o el mejor. Y esto es completamente diferente de “valorar al talentoso”. Un talentoso puede que sea hábil en lo suyo, pero no implica para nada que sea útil para los demás, ni que logre algo importante. Además, el talento solo, ni trasciende ni se destaca por sí mismo y no garantiza resultado alguno, para ello hace falta algo mas.
El talento en esta perspectiva no pasa de un entretenimiento: es divertido, nos emociona, pero no sirve para nada mas. Un talento inútil (o de poca utilidad). Salvo que la vida sea considerada como una colección de emociones (baratas). En este caso nos pareceríamos a esos monitos juguetones que divierten al público con sus monerías. Son graciosos, pero claro quien espera algo de los monos?
Como sociedad (como conjunto) nos cansamos de perder (pero somos talentosos). Con esta idiosincrasia, pasamos de la euforia por la autoconfianza (autosuficiencia) hasta la amargura de la derrota (derrotismo). Seguro que alguien nos quiere perjudicar! decimos, pero siempre hacemos lo mismo! (y esperamos resultados diferentes). Dependemos de la suerte, entonces.
Para progresar (ganar) debemos cambiar esta “forma de pensar y de valorar” que tenemos, si es que queremos salir de “perdedor” (o ganador moral). Claro, la alternativa resulta un poco despiadada (nosotros llamamos a estas sociedades “muy competitivas”), pero si nos importara el resultado y viéramos con amplitud, nos dariamos cuenta que es el mejor camino. Eso sí, implica un esfuerzo. El “talento natural” no nos alcanza, Hace falta agregarle mas virtudes (y quitarle soberbia).
Así entonces, que elegimos valorar mas: el talento o la excelencia?
Cualquier elección implicará una consecuencia… o dicho de otro modo, “de su fruto los conoceréis.”
Resultado de la perinola: no pregunte, no conteste, no se meta, callese!
Escrito por laperinola
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