Talento inútil

Domingo, 30 Noviembre 2008

Talento o excelencia?

Los argentinos valoran el talento. Tal vez hasta le dan demasiada importancia y lo confunden con la habilidad. Muchas veces exageran hasta el punto de calificar de “genialidad” a quien tiene un pequeño talento.

Genio! genio! se escucha. A quien? a un científico que descubrió una vacuna que podría salvar vidas? a alguien que con esfuerzo, estudio y dedicación se destaca y obtiene logros importantes? a alguien que enseña con la verdad? a quien resuelve problemas inteligentemente? no! A quien llamamos genio? a un futbolista o tenista. A alguien que le pega a la pelota. Por que? porque se sobrevalora las emociones.
Los profesionales que resuelven problemas importantes (esos que sí requieren talento) o investigan soluciones no pensadas, eso no son valorados. Porque, que emoción hay en ello?

Si por lo menos se relacionara el talento con la excelencia, estaría un poco mas conforme, pues la búsqueda de la excelencia, por lo menos apunta a un resultado: el óptimo. Pues la excelencia es el resultado de muchas virtudes entre las cuales está el talento, el esfuerzo, la paciencia, la perseverancia y siempre implica que el resultado sea el máximo a alcanzar (el mejor de todos).

Otras sociedades, valoran el “número uno“, el líder o el mejor. Y esto es completamente diferente de “valorar al talentoso”. Un talentoso puede que sea hábil en lo suyo, pero no implica para nada que sea útil para los demás, ni que logre algo importante. Además, el talento solo, ni trasciende ni se destaca por sí mismo y no garantiza resultado alguno, para ello hace falta algo mas.

El talento en esta perspectiva no pasa de un entretenimiento: es divertido, nos emociona, pero no sirve para nada mas. Un talento inútil (o de poca utilidad). Salvo que la vida sea considerada como una colección de emociones (baratas). En este caso nos pareceríamos a esos monitos juguetones que divierten al público con sus monerías. Son graciosos, pero claro quien espera algo de los monos?

Como sociedad (como conjunto) nos cansamos de perder (pero somos talentosos). Con esta idiosincrasia, pasamos de la euforia por la autoconfianza (autosuficiencia) hasta la amargura de la derrota (derrotismo). Seguro que alguien nos quiere perjudicar! decimos, pero siempre hacemos lo mismo! (y esperamos resultados diferentes). Dependemos de la suerte, entonces.

Para progresar (ganar) debemos cambiar esta “forma de pensar y de valorar” que tenemos, si es que queremos salir de “perdedor” (o ganador moral). Claro, la alternativa resulta un poco despiadada (nosotros llamamos a estas sociedades “muy competitivas”), pero si nos importara el resultado y viéramos con amplitud, nos dariamos cuenta que es el mejor camino. Eso sí, implica un esfuerzo. El “talento natural” no nos alcanza, Hace falta agregarle mas virtudes (y quitarle soberbia).

Así entonces, que elegimos valorar mas: el talento o la excelencia?
Cualquier elección implicará una consecuencia… o dicho de otro modo, “de su fruto los conoceréis.”

Resultado de la perinola: no pregunte, no conteste, no se meta, callese!


Carta de Homenaje a mi Padre

Lunes, 17 Noviembre 2008

El testimonio de una vida

Hace tiempo que quise escribirte esto, pero lo pospuse para esta fecha (en este día en particular). De alguna manera, mis sentimientos son encontrados: por un lado, el sentimiento de perdida y el miedo a aceptar el tiempo que me toca vivir y por el otro, el sentimiento de expresar de alguna manera lo importante que fue tu testimonio de vida para mí.

Entiendo a la vida como una carrera de postas, en las cuales cada participante parte desde el punto en que su compañero le ha dejado y traspasado su testimonio. Es decir, cada uno tiene la libertad de correr su trayecto como le plazca (o pueda), pero que tiene dos limitaciones: depende de un punto de partida (una herencia o testimonio) que fue el final de carrera del anterior corredor y la otra limitación, que es un poco la misma, es que se tiene el deber de transferir el testimonio personal al siguiente. Una y otra vez: partida, testimonio recibido, trayecto de vida y testimonio legado. Ese es el orden.

Y cual fue tu testimonio? el testimonio del ejemplo. El que trasciende a las palabras y que se expresa en cosas concretas: el amor. El amor de un padre en este caso, que me hizo sentir que la felicidad es posible pero que cuesta a veces sacrificios, los cuales muchas veces no le he dado la importancia porque era yo el que lo recibia y pensaba que era algo común en todos los casos.

Con el tiempo y la comparación, me di cuenta que no era el caso mas normal y que tu testimonio era originario de unas deciciones que tomaste antes. Unas deciciones que afectaron muchos resultados posteriores y que generaron perdidas y ganancias. Pero acaso toda decición no implica lo mismo? Toda vida (o trayecto) tiene perdidas y todos perdemos, pero eso no nos hace a todos lo mismo. El balance de cada testimonio es aquel que genera mejores y mas importantes ganancias.

Y que ganaste? pues ganaste lo mas importante: el amor incondicional de tu esposa y de tus hijos, el respeto de muchos, el valor de seguir tu camino aunque cueste porque no es muy recompensado en este pais. Estas ganancias son las trascendentes, son las verdaderas y son las que me inspiran a mi, que soy ahora el receptor de tu testimonio, pues este tiempo ahora es mi trayecto…

Estoy en deuda contigo, porque además fuiste mucho mas que un padre. Fuiste un compañero y hasta amigo. Compartimos experiencias, gustos, opiniones y discusiones. Sufrimos y nos alegramos juntos porque teníamos la misma sintonía: la conciencia de que la vida vale la pena, que la juventud está en la mente y que el entusiamo es la savia que nutre cada hombre.

Este es tu balance y este fue tu testimonio y no tiene precio. Todo esto está resumido en lo que ya está escrito: Sos lo mejor de nuestras vidas. Ahora estas conmigo todos los días, asi entonces te saludo: hasta siempre papá y gracias!


Por monedas…

Sábado, 1 Noviembre 2008

Los argentinos somos gente extraña… solemos convertir las soluciones en problemas. Si alguien facilita las cosas, desconfiamos. En cambio, si se proponen dificultades y problemas, compramos cualquier explicación ridícula (y mas si hay alguien a quien culpar). Mientras mas ilógico y rebuscado, mejor.

Aquí a menudo no interesa resolver problemas, al contrario, hay que crearlos. Y si es por estupideces, mejor. Eso sí, los problemas que padecemos, son adrede y seguro que son para “perjudicarnos” (la tendencia a creer conspiraciones es siempre recurrente).

Es toda una cultura de valores (no escrita): los problemas no se resuelven… hay que zafar, eludir y “pasarle la pelota” al otro. “Yo no fuí“…. “no tengo nada que ver“… o “yo argentino“, son algunas de las frases que ejemplifican esta “cultura”, a su vez llamada como “no te metas“.

Un ejemplo de esta “cultura”, es que aquí, no se cree en los “finales felices” de las películas. Si las cosas terminan bien (aunque sea solo temporal), está mal visto. Toda historia contada tiene que terminar raro o mal, o el público no la cree. Esto es una creencia también, pero al revés: los “malos son mas fuertes“, por lo tanto se desconfía de los finales de cuentos. Y así también para la realidad: el progreso es un cuento, dicen. Debe haber “algo raro”… ¿cómo que no hay problemas?

Estos “valores” sociales (o antisociales) no es nada nuevo, asi que ya estoy un poco acostumbrado, pero cada tanto me asombro las variantes en que se manifiesta (como si fuera un virus mutante).

Y a que me refiero esta vez? a la (extraña) falta de monedas (si, esos círculos metálicos que tienen valor para comprar cosas y servicios). Desde hace varias semanas (o meses) que faltan monedas. Es decir, que hay problemas para viajar en el transporte colectivo, subterráneo, comprar cosas en los quioscos y demás comercios y un sinfín de problemas cotidianos. Y aclaro que aquí, no se puede viajar en colectivo (ómnibus) si no se tienen monedas. Es decir, el 80% de las veces se usan para el trasporte.

Vaya un a saber de quien es la responsabilidad! (la moneda no es del gobierno?)… y no quiero ver conspiraciones. Pero, lo cierto es que muchas actividades económicas se ven perjudicadas por la falta de cambio. Es tan grave el problema, que si uno quiere cambiar billetes por monedas en los bancos (y aun en los oficiales), no hay. NO HAY MONEDAS EN LOS BANCOS. Sólo aquí, en Argentina sucede.

No era que las monedas servían para algo? que solucionaban problemas? si?, entonces, estaba mal. Acá, las cosas no se arreglan. Mejor los problemas.

Eso si, a partir de esta situación se generan otros problemas (serán interesantes?). Cuales problemas? que la gente se pelea por las pocas monedas que se encuentran, dar cambio en monedas, es perder. Pero quien pierde: el comerciante o el cliente? Ah!, que pregunta.

Y aquí relato mi experiencia: … los otros días voy a la carnicería y al momento de pagar no tenía cambio (es decir no tenía ni una moneda) y que pasó? que ofensa! el carnicero no me quería vender. Me recriminó mi “actitud”, me dijo que era mi deber “ayudar” al comerciante, y otras cosas. Hasta llegó a guardar en la heladera lo que había comprado. Es decir, me hizo sentir que le estaba perjudicando. Yo un poco sorprendido (al fin y al cabo era demasiado por una comida), compré algo mas para redondear y zafé. Y por supuesto que no voy a ir mas a esta carnicería, pero, en fin, era un poco extremo, hacer un escándalo, por monedas.

Y esto es solo un ejemplo. A diario, se ven escenas como esta. En los quioscos o en otros comercios, hasta no te venden si no tienes monedas. Pero quien las tiene? Mandrake?

Yo por lo pronto, viví algo que no había experimentado antes: ver pelearse por monedas. En fin, algo coherente de este infierno cotidiano llamado Argentina… que otra cosa se puede esperar?

Resultado de la perinola: todos sacan… todos pierden